A veces no nos falta claridad.
Sabemos que necesitamos descansar, establecer un límite, cambiar una decisión o elegir una forma distinta de vivir algo.
Pero antes de actuar aparece otra pregunta:
¿Qué pasará si alguien se decepciona, se incomoda o no entiende?
Entonces postergamos. Nos adaptamos. Volvemos a decir que sí. Elegimos lo conocido, aunque por dentro algo nos esté pidiendo otra cosa.
Elegirte también puede sentirse incómodo, especialmente cuando has aprendido a medir tus decisiones por la tranquilidad o la aprobación de los demás.
Cuando elegir diferente despierta culpa
La culpa suele interpretarse como prueba de que hicimos algo mal.
Pero no siempre funciona de esa manera.
A veces aparece cuando comenzamos a alejarnos de una costumbre, una expectativa o un papel que durante mucho tiempo definió la manera en que cuidábamos y pertenecíamos.
Puede surgir al descansar antes de terminarlo todo. Al decir que no. Al pedir espacio. Al cambiar una decisión que otras personas esperaban de nosotros.
No necesariamente porque esa decisión sea incorrecta, sino porque es distinta a lo que hemos practicado durante años.
La incomodidad de elegir diferente no siempre es una señal para regresar a lo conocido. Algunas veces es parte del proceso de aprender una nueva manera de incluirte.
La culpa no siempre significa que estás haciendo algo mal. A veces aparece porque estás aprendiendo a vivir de una manera distinta.
El miedo a decepcionar también puede decidir
Hay decisiones que no postergamos por falta de información.
Las postergamos porque imaginamos la reacción de alguien más.
¿Qué van a pensar? ¿Y si se molestan? ¿Y si dejan de verme de la misma manera? ¿Y si no me aceptan cuando empiezo a elegir diferente?
El miedo no siempre aparece como una alarma evidente. Puede mostrarse como prudencia, como necesidad de esperar el momento perfecto o como una explicación razonable para seguir haciendo lo mismo.
Y sin darnos cuenta, comenzamos a organizar nuestra vida alrededor de evitar una reacción.
Evitar incomodar puede ofrecer tranquilidad momentánea. Pero vivir constantemente para no incomodar también puede alejarnos de nuestra propia voz.
La aprobación puede convertirse en una brújula externa
Todos necesitamos pertenecer, sentirnos comprendidos y cuidar nuestros vínculos.
El problema no es valorar la opinión de otras personas. El problema aparece cuando esa opinión se convierte en el requisito principal para habitar nuestra propia vida.
Entonces explicamos demasiado. Cambiamos decisiones para que sean aceptables. Esperamos una aprobación que quizá nunca llegará.
Y aun cuando llega, puede durar poco, porque la próxima decisión vuelve a depender de la misma validación.
No todas tus elecciones serán entendidas por todo el mundo. Eso no significa que deban ser impulsivas ni indiferentes a los demás.
Significa que también necesitas poder escucharte y asumir con responsabilidad la vida que te corresponde vivir.
No todas mis decisiones tienen que ser entendidas por todos. Pero sí necesito poder habitar mi vida con coherencia.
Elegirte no es ponerte por encima de los demás
Elegirte no significa dejar de amar, dejar de cuidar o ignorar las necesidades de otras personas.
Tampoco significa que todas tus preferencias deben tener prioridad.
Significa dejar de colocarte de manera automática por debajo de tu propia vida.
Puede ser incluir tu energía antes de comprometerte. Reconocer que una decisión también tiene consecuencias para ti. Permitir que tu bienestar forme parte de lo que consideras importante.
Muchas veces lo que cambia no es el amor.
Cambia el lugar desde donde amas: ya no únicamente desde el agotamiento, la culpa o la necesidad de aprobación, sino desde una presencia más consciente y honesta.
Reconocer quién está tomando la decisión
No necesitas eliminar la culpa ni vencer el miedo antes de elegir.
Puedes comenzar por reconocer cuánto espacio están ocupando.
Antes de responder, observa si estás diciendo que sí porque realmente quieres, porque es coherente con tus valores o porque temes la reacción que podría provocar un no.
Antes de abandonar una decisión, pregúntate si cambió lo que necesitas o si solo apareció la posibilidad de decepcionar a alguien.
No se trata de ignorar el miedo. Se trata de escucharlo sin entregarle automáticamente la dirección de tu vida.
¿Estoy eligiendo desde la coherencia o desde el miedo a no ser aceptada?
Elegirte también es una práctica
Aprender a incluirte puede comenzar en decisiones pequeñas.
Hacer una pausa antes de responder. Pedir tiempo para pensarlo. Nombrar una necesidad sin justificarla durante varios minutos. Permitir que alguien no esté de acuerdo sin convertir esa diferencia en una prueba de que estás equivocada.
No siempre se sentirá cómodo.
Pero la comodidad no es la única medida de una decisión coherente.
A veces volver a ti se siente como reconocer que puedes amar a otras personas sin desaparecer dentro de lo que esperan de ti.
Un cambio a la vez.
Cinthia Arias
Coach de Bienestar Integral
Volver a ti, un cambio a la vez.
Cada semana continuaremos abriendo conversaciones sobre bienestar, presencia y los pequeños cambios que pueden ayudarnos a vivir con mayor coherencia.
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